miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cesar Mariscos, Tela. Gran chile.

César Mariscos goza de una inmejorable situación en primera línea de la hermosa playa de Tela, al tiempo que de una más que notable reputación en la zona, gracias, dicen, al buen hacer de años de duro trabajo. La agradable terraza del local, y su buen ambiente, unido a los efusivos comentarios que los y las lectoras del Lempira escribieron en el Facebook animándolo a probar su chile y sus platos marineros, fueron motivo más que suficiente para decantarse por esta opción.


El restaurante forma parte del complejo Hotel Cesar Mariscos, un edificio de 3 plantas situado en primera línea del paseo marítimo de Tela. Una bonita terraza con varias mesas alargadas de madera de color vestidas con pasamanteles azules, prolonga la sala principal y constituye el principal reclamo del restaurante cuando uno lo mira desde la blanca y fina arena teleña. La entrada por la puerta lateral, conduce al comensal por la recepción del Hotel antes de acceder a su sala. Una sala amplia decorada con algunos objetos marineros, algún cuadro de inspiración marina, y una combinación de colores más o menos agradable. Las mesas y sillas de madera, y sobre todo, la luz que inunda el espacio, hacen del lugar un ambiente agradable.


Los calores del caribe se compensan con bastantes ventiladores, aunque en ocasiones, el calor aprieta. De todos modos, el Lempira siempre prefiere comer con un poco de calor, que con los aires acondicionados puestos a toda marcha... además, no hay mejor excusa para arrancar la comida con una buena cerveza fría, o un buen cóctel.

En cualquier caso, si hay espacio en la terraza, no lo duden... miren qué vistas:


La carta de Cesar Mariscos se basa, como su nombre indica, en marisco. Mariscos y pescados de diferentes tamaños y tipos, unidos a ceviches o cócteles, sopas marineras, y algún que otro platillo de carne, se presentan en un menú no excesivamente largo (tampoco breve). Entre las entradas, destacan los ceviches y cocteles, a 160 L. Los hay de camarones, de caracol, de pescado y mixtos. Los caracoles se ofrecen en diferentes preparaciones: empanizados, al ajillo, empalizados con coco, a la mantequilla o a la plancha, al precio de 220 L.; igual que los camarones, que cuestan entre 242 L y 292 L. El pescado se ofrece entero frito y cuesta entre 180 y 350 según tamaño. También se ofrecen filetes de pescado a la parrilla, encebollados, en salsa jalapeña o de ajo, al precio de 220 L. Hay langosta, a 40 L. a Onza.

Las sopas, gran reclamo de Cesar Mariscos, son: sopa marinera a 230 L, sopa de caracol a 205 L., sopa de camarón a 199 L., y sopa de pollo a 150 L.

La mariscada de Cesar Mariscos, para 4 personas incluye camarones, caracol, pescado, ensalada verde, jaibas, solitas de caracol, tostones de plátano, rice and beans y pan de coco... a 1100 L. En temporada hay King Crab, a 400 L. que se sirve con ensalada versa, rice and jeans, pan de coco, y tajadas de plátano. Como carnes se ofrecen Filet Mignon a 305 L., pollo frito a 165 L., o punta de filete de res con chimichurri a 260 L.

El servicio del restaurante es bastante correcto. Amable, con ganas de agradar al comensal, bastante atento a sus necesidades y con conocimiento de la carta. Si bien, es preciso indicar que se notaron algunos desajustes que, si bien no fueron graves, podrían haberse evitado. En cualquier caso, la bebida llegó a la mesa rápido, y la comanda fue tomada en tiempo y forma.


Como parte del servicio es preciso destacar que a la mesa se sirve un delicioso pan de coco, ligeramente tostado, acompañado de un chile francamente memorable. El Lempira, que como saben, es un gran amante del picante, quedó absolutamente maravillado con los sabores, matices y profundidad del chile elaborado por Cesar Mariscos. Sin duda, una receta redonda en la que destaca el sabor potente del chile, compensado por notas ahumadas, ligeros puntos golosos y un toque herbáceo fantástico (lleva laurel). Uno de los mejore chiles de Honduras. ¡No se lo pueden perder!, sencillamente: ES PEC TA CU LAR, un 10 redondo (el Lempira compró 2 frascos).

El Lempira probó bastantes platillos diferentes... sopa marinera, algún cóctel de mixto, un plato de camarones, un pescado a la brasa (¿a la brasa?)

La sopa marinera, que es uno de los reclamos del restaurante, estaba rica pero no emocionaba. Si bien era una sopa con bastante sabor a marisco, el Lempira que come echaba de menos algo de punch, de esencia, de magia. Era, por así decirlo, una sopa marinera académica. Rica, pero... ¿sin alma?


El cóctel mixto, con camarones, pescado blanco, cebolla, chile verde y XXX combinaba correctamente. Era fresco y agradable al paladar. Una buena opción para el calor. El pescado blanco marinado en limón, los camarones con sabor algo justo y la salsita completaba un platillo que como entrante es bastante agradable.


Se esperaba mucho más del platillo de camarones. Los camarones eran bastante frescos, aunque pequeños, con una salsita a base de ajo y perejil. Las papas, ricas, y las verduritas salteadas a buen punto y sabrosas. Resultaron más apetecibles los acompañantes que los camarones.



El pescado a la brasa que llegó a la mesa resultó no ser el pescado que había dicho la mesera. Cuando el Lempira que come le preguntó por ello, muy atentamente la mesera le dijo que no, que, en efecto, era otro. Además de este detalle que, definitivamente, no debería suceder en un tan reputado restaurante, el Lempira tiene la sensación de que el pescado servido no estuvo elaborado a las brasas. Por así decirlo, le pareció que solamente rozó la parrilla en algún momento. El aroma ahumado brillaba por su ausencia. En cualquier caso, el sabor del pescado estaba bien  y su punto de cocción era bastante adecuado.


La carta de bebidas ofrece numerosos tragos a precios comprendidos entre los 45 L. y los 80 L., las cervezas nacionales cuestan 44 L., los refrescos 27 L. La carta de vinos, brilla por su ausencia: "copa de vino" es lo que se ofrece, al precio de 60 L. Definitivamente Cesar Mariscos podría apostar por el vino blanco, el jerez y los espumosos. Teniendo en cuenta su oferta gastronómica, ese tipo de vinos podrían ser un éxito. Sin embargo, una vez más y van ya cientos, el vino sigue sin ser bien tratado, ni bienvenido... una lástima para los amantes de tan mágico producto.

En resumen: Cesar Mariscos es un opción recomendable. Lo servido estuvo entre correcto y rico, pero sólo  enamoró el impresionante chile. Un chile absolutamente memorable, que vale hasta el último kilómetro recorrido para llegar hasta ahí. 



Categoría "Restaurantes" Cesar Mariscos, Tela
Puntuación
Entorno
7.9
Servicio
7.2
Servicio Vino
4
Comida
7.5


Puntuación Media
7
Relación Calidad Precio
7


martes, 18 de noviembre de 2014

Crepería Luna de Miel, Antigua Guatemala.

La Crepería Luna de Miel es, sin duda, uno de los establecimientos favoritos de los visitantes de La Antigua. No en vano, se encuentra clasificada en octava posición entre los restaurantes de La Antigua en Tripadvisor con 200 opiniones. Además, tiene casi 5.000 Likes en su Facebook. Motivo más que de sobra para que el Lempira que come se acercara a probar sus tan laureados crepes.


Luna de Miel se encuentra situada en la Avenida 6 Norte, número 40, cerca de la Iglesia de la Merced. Abrió sus puertas al público en el año 2006 y desde entonces no ha dejado de crecer. El local actual consta de dos plantas y tiene una bonita terraza en la azotea. El primer piso da la bienvenida al comensal exhibiendo en la mismísima puerta de acceso, la cocina principal donde se elaboran las crepas. Una barra con 2 hornillas y un pequeño pasillo en cuya pared lateral derecha se lee el menú.

El ambiente que se respira en Luna de Miel es jovial. Música rock y pop suena en el hilo musical y la decoración, en la que predomina el color azul, se muestra atrayente. Detalles de corte arábigo, con pipas de vapor árabes, con lámparas de techo estilo turco y mesas de madera oscura dominan la segunda planta, cuya terraza exhibe varios murales graffiteros. Una ambientación bien conseguida que se adapta perfectamente a la oferta gastronómica que ofrece el local, pues no estamos hablando de un restaurante, sino más bien de un Gatro-Pub-cafetería.


El servicio en Luna de Miel es correcto, sin mayores pretensiones. Más o menos atento y más o menos rápido. Se limitan a ofrecer la carta y algo de beber al comensal en cuanto este entra. Fueron además, capaces de responder sin problemas las preguntas del Lempira. Bien.

En cuanto a la carta, decir que esta se basa, obviamente, en crepas. Concretamente se ofrecen 16 crepas saladas y 18 dulces, con lo que es posible encontrar alguna combinación que resulte del agrado del comensal... Entre las crepas saladas más sugerentes están: Luna Creciente (con tocino, crema, cebollas caramelizadas y queso fundido, 39Q), Luna Soleada (carne molida, clile, queso crema, pollo y curry, 39Q.), Luna Chilera (frijoles, salsa de tomates, pollo y crema, 35Q.), Luna Chiva (Queso de cabra con tomate y espinaca, 39 Q.) o Luna Nueva (pollo, mozzarella, aguacate y pesto, 43 Q.). Entre las dulces, destacan: Luna Zacapaneca (chocolate con peras flambeadas en ron Zacapa, 44Q.), Luna Cachetona (chocolate blanco, salsa de mando y piña con helado de vainilla flambiada con ron, 37 Q.), Suspiro de Luna (nutella con bananos confitacos flambeada al brandy, 37Q.), Lunática (melocotón con dulce de leche y crema chantilly, 34Q.) o Magia de Luna (manzanas en almíbar con canela, almendras y helado de vainilla, 37Q.).


Una oferta bastante atractiva para darse un festín dulce o salado, según sea la hora del día, o según tenga el día el comensal; pues, además de crepas, se ofrecen algunas boquitas de paté francés (40Q.), quesos (45Q.), Cámembert fundido al horno (80 Q.) y ensaladas varias aderezadas con AOVE, mostaza y vinagre balsámico. Por último, hay más espacio para lo dulce: varias combinaciones de helados con diferentes toppings e ingredientes (banana split, 35Q., Cometa con helado de café y vainilla coronado con Bailey's y crema dulce, 40 Q.) e incluso Waffels.

Como era medio día, el Lempira que come optó por probar las crepas saladas. Concretamente la Crepa Media Lunda y la Crepa Luna Nueva:

Las crepas se sirven sin acompañamiento alguno y son de tamaño grande. Con una crepa es suficiente para alimentarse tranquilamente, sin necesidad de recurrir a otro platillo de acompañamiento. La crepa Media Luna se mostró rica, pero algo pesada. No tenía entre sus ingredientes ninguno que le diera un poco de frescor o acidez. La espinaca era fresca y sabrosa, los champignones también eran frescos, lo cual se agradece enormemente. Bien! El pollo, a buen punto. Y la masa también bien hecha, de buena textura y buen sabor. En definitiva, una crepa más que correcta, correctísima, pero que no enamora.

Igual que Luna Nueva, con aguacate, pollo y pesto: bien, más que correcta, pero sin encandilar. El pesto, que estaba rico, tampoco era como para soñar con él, aunque se notaba que era casero.


En cuanto a las bebidas decir que Luna de Miel ofrece múltiples smoothies, shakes y frescos naturales más que atractivos: Ángel loco (papaya, piña, cresa, banano y jugo de naranja), Arco Iris (melón, moras, banano con jugo de naranja) a 22 Q. Los cafés van desde los 10 Q. hasta los 17 Q. En cuanto a los vinos, nada a destacar, pero tampoco se enfocan en dicho producto.

En Resumen: Ingredientes frescos, buena masa de crep, ambiente agradable y servicio correcto. Todo bien. Si pasan por Antigua y tienen ganas de algo dulce (o salado) para picar, Luna de Miel es un buen lugar.




Categoría "Wine-Bar/Cafetería/Pub" Luna de Miel, Antigua Guatemala.
Puntuación
Entorno - Ambiente
8
Servicio
6.9
Bebidas - Comida
7.4
Puntuación Media
7.42
Relación Calidad Precio
7


martes, 11 de noviembre de 2014

Un Blog italiano entrevistó al Lempira que Come...

El Lempira que Come trasciende las fronteras... y se va hasta Italia en forma de entrevista. Reproducimos seguidamente el contenido íntegro de la entrevista realizada por Ana Peinado para el Instituto Europeo de Firenze en su página de promoción de la cultura.

Ahí va...

"Lempira, cacique indio de Honduras, fue un personaje muy honrado en la historia del país. Luchó en la invasión contra los españoles durante la década de 1530, y hoy en día, la moneda del país centroamericano le rinde homenaje al personaje.
Tras este personaje, una pareja afincada en Centroamérica,  curiosa y amante de la comida y el buen vino, decidió lanzarse a probar cada sabor de cada gastronomía. Así, con su página web www.lampiraquecome.com, podemos viajar por restaurantes, puestos de comidas y bares de todo el mundo.
Hablamos con Lempira, su protagonista, para saber más sobre el blog y sobre sus experiencias a través del paladar.


Sabemos que eres amante de la comida desde hace tiempo, pero nos gustaría saber cuál fue el momento en el que decidistes crear el blog y compartidlo con el resto del mundo. ¿Fue comiendo en algún sitio en particular?

En realidad el Lempira que come nace como un homenaje a uno de los mejores cocineros del país, a sus carnitas catrachas y su salsa picante: el Chele, quien vendía en un puesto situado frente al Estadio Nacional y la Feria del Agricultor. Cuando el Chele sufrió el pasado 23 de Octubre de 2013 en carne propia la terrible violencia que azota Honduras desde hace ya demasiado tiempo, pensamos que algo había que hacer al respecto. Sentíamos la necesidad de cantar a los cuatro vientos que no puede continuar esta violencia tan cruda y voraz que es capaz de asesinar a sangre fría incluso a personas que hacen de su vida una entrega incondicional de amor al prójimo.


El Chele era puro corazón y transmitía su candor hacia el otro en forma de las mejores carnitas que han existido en Tegucigalpa, y probablemente en Honduras y el mundo. Así lo sentimos el primer día que las probamos. Las carnitas del Chele eran una auténtica delicia… la carne jugosa, tersa, el chimichurri recién hecho, con aceite de oliva virgen, el frijol elaborado con tanto mimo y cariño y las tortillas de maíz, que hacía su esposa, culminaban un platillo perfecto. Por no hablar de la salsa picante. ¡Qué maravilla de chile! Sin duda, el mejor que hemos probado. Y lo mataron. Y mataron con él mucho más. Porque con cada muerte violenta en el país muere la cultura, muere la razón, muere la amistad, muere Honduras. Y muere su gastronomía. Por eso quisimos rendir homenaje al Chele y a todos y todas las personas que en Honduras cocinan con amor; porque son bastantes y muy pocas veces son reconocidas. Por eso, el Blog tiene una categoría especial para valorar los Puestos de Comida. Esos lugares imprescindibles que dan vida y alma a la ciudad, al pueblo. En esos puestos de comida se respira el pulso de la gastronomía popular y es posible comer tan bien en ellos, como en los más reputados y laureados restaurantes del mundo. Eso sí, ¡no en todos! Hay puestos de comida de categoría universal, como el del Chele… así que el Blog cumple otra función menos trascendental y más mundana: orientar al comensal para que sepa dónde se come bien y dónde mejor.

Su blog cuenta historias de lugares de Europa, Sudamérica,... pero también se centra mucho en Honduras. La gastronomía hondureña es rica, entre otros motivos, por tener influencias criollas, pre colombinas e incluso africanas. ¿Cuál es su plato más típico?¿Y qué es lo más curioso o destacable de su gastronomía?

Sí, nos centramos en Honduras que es donde residimos, pero también hablamos de gastronomía centroamericana, latinoamericana y a veces también europea, cuando logramos hacer una escapada. Nos encanta comer, beber y viajar, definitivamente… y como la gastronomía latinoamericana es tan rica por la mixtura de la que hablas siempre es posible sorprenderse, encontrar nuevos sabores, nuevos ingredientes, nuevas sazones que no conocías.

En Honduras la influencia afro está presente en las islas de la bahía (ese paraíso terrenal conformado por Roatán, Guanaja y Utila que es muy valorado en Italia) y en la costa caribe fundamentalmente. Sus raíces culturales se notan en la gastronomía, que nutren de ingredientes como el coco o el plátano. En Honduras, también hay cierta influencia indígena, aunque no tanta como en el vecino Guatemala. La influencia criolla, desde luego, fue determinante y es la más extendida en el país.

Al Lempira que come le fascina el tapado olanchano y el tapado costeño, que es un guiso de un corte de carne de res llamado tasajo que se elabora ahumado y en salazón. Dependiendo del tapado del que se trate, éste lleva chorizo especiado, y costilla de cerdo ahumada, además de yuca, plátanos verdes y maduros. Se llama tapado porque el guiso se cubre con las conchas de los plátanos, que ayudan a mantener el calor del guiso a una temperatura constante de cocción muy lenta. El tapado olanchano, es más seco que el costeño y no utiliza coco. Al servir, se añade cilantro fresco picado. Es, sencillamente, ES PEC TA CU LAR. El platillo que más apasiona al Lempira que come.

Pero hay muchas otras elaboraciones hondureñas fundamentales, como las derivadas del maíz, uno de los productos ancestrales de nuestras raíces indígenas. Con el maíz se elabora la tortilla, acompañante de toda comida catracha que se precie, el atol, las fritas, las montucas, los tamalitos y otras muchas delicias hondureñas. La importancia cultural del maíz se sigue dejando sentir en el país. Por ejemplo, hay zonas en las que cuando nace un bebé, la familia siembra una mazorca y los años del niño se cuentan desde el día en que se sembró… es hermoso escuchar frases como: “Y cuánto tiempo tiene?” “lo sembré hace 8 meses”… esa es parte de la tradición que, de un modo u otro, reflejamos en el blog.

El blog no solo cuenta recetas y lugares donde se puede degustar buena comida, se trata también de conocer que historia hay detrás de cada comida y receta, de quienes la preparan,…Teniendo en cuenta que has visitado muchos países, ¿qué se siente al conocer tantas historias diversas? ¿Qué podemos aprender desde el punto de vista gatronómico de cada país?

Intentamos contar lo que nos transmite la comida. Creemos que ésta es una expresión artística más del ser humano… o, cuanto menos, una expresión cultural que suele decir mucho de la historia, usos y costumbres de un país, una familia, una región. Las manos que están detrás de una receta son importantes. Los puntos de cocción, los truquitos en la elaboración de la receta, o, como algunos dicen, el amor que se le pone, resultan esenciales. Es por eso que cuando nos acercamos a un puesto de comida que nos gusta siempre intentamos saber algo más de quién está detrás… hay historias impresionantes. Recetas que se han ido heredando a lo largo del tiempo… y vale una alegría contarlas, porque si no se pierden. Como se perdió la receta del chile que elaboraba el Chele en sus carnitas…

O como se pierden puestos de comida populares. En Honduras, en los últimos años hemos vivido una invasión de cadenas de comida rápida. Un tipo de comida que dice mucho de la cultura del consumo capitalista de la que son hijas. Comidas que no se hacen para dar amor al comensal, sino para maximizar los beneficios. Para muchos puestos de comida de Honduras, fue imposible competir con esos monstruos (enormes establecimientos, parqueos gratuitos, juegos para niños y precios muy ajustados), más aún, porque ingresaron al país con exención de impuestos… esto para dar cuenta de que detrás de la comida ¡hay mucho!...

Pensamos que se puede aprender muchísimo de la gastronomía, y disfrutar más aún. Nosotros siempre decimos que hay pocas cosas más apasionantes y estimulantes que probar un nuevo sabor, una nueva receta, un ingrediente desconocido… y más si es viajando: en las callejuelas de una medina marroquí, en la rivera del rio Rihn, en el barrio de Sultanahmet en Estambul, en la plaza de la corredera de Córdoba, en nuestras espectaculares playas de Roatán, en las esquinas de Oaxaca, en el lago Titikaka, o… en las mesas de los más deliciosos y reputados restaurantes del mundo.
Disfrutando la comida, se aprende a amar… ni más ni menos.

Hemos visto que has comido en algunos de los mejores restaurantes del mundo, ¿cómo es la experiencia en estos locales?

Hemos tenido la inmensa fortuna de poder comer en varios de los reconocidos como los mejores restaurantes del mundo, y, la verdad, es que para nosotros fue una experiencia casi mística. Recordamos especialmente las dos hermosas veladas que disfrutamos en El Bulli, un restaurante que ha escrito un antes y un después en la historia de la gastronomía universal. Un referente vivo que ha cambiado radicalmente la forma de entender la alta cocina, inventando nuevas técnicas de elaboración e incluso un nuevo lenguaje gastronómico. Ferrán Adriá y su hermano Albert, junto con otros muchos impresionantes Chefs consiguieron emocionarnos, lágrimas incluidas, en una montaña rusa de sensaciones de más de 4 horas de duración en las que degustamos más de 35 elaboraciones diferentes. Algo absolutamente impresionante.

Pero no sólo de El Bulli vive en nuestros recuerdos. El Celler de Can Roca, que ha sido nombrado segundo mejor restaurante del mundo este año, es otro templo de la gastronomía que nos enamoró por su elegancia, su perfección… o DiverXo, de Babiz Muñoz, en Madrid, con un estilo rompedor, provocador, sorprendente. Una cocina de contrastes, de sabores potentes y emociones fuertes que no te dejan descansar… volviendo a Latinoamérica, hay que mencionar grandes restaurantes peruanos, como Astrid y Gastón, o mexicanos, como Paxia o Pujol en los que el Lempira disfrutó de lo lindo. O la India, donde descubrió una gastronomía apasionante de intensos y especiados sabores, como en Punjabi by Nature, Veda o Bukhara que seguramente fueran merecedores de estrella Michelín, si la famosa guía se preocupara también de ese país.

En estos templos de la comida, las emociones van y vienen, suben, bajan, entran y no salen nunca… se quedan en los recuerdos para siempre. Pero, una cosa hay que decir claramente: cuando la comida es auténtica, hay amor y está bien elaborada, se disfruta tanto en un puesto de comida callejero, como en un restaurante de estas características. En este sentido, podemos afirmar que en Honduras hay puestos de comida de nivel mundial, como las baleadas de Doña Oneyda en Roatán, o el atol de Yoselin… lugares donde uno puede morirse de placer y disfrutar tanto, aunque de modo distinto, como en los restaurantes mencionados…
  
Aparte de la comida, eres amante del buen vino, ¿qué es para ti el precio de un buen vino? ¿Y cuáles son tus preferidos? Respecto a Honduras, ¿nos podrías hablar de su oferta de vinos?

El vino es también un universo maravilloso y ancestral. Elaboramos vino desde el Neolítico… la bodega más antigua que se ha encontrado hasta la fecha data del 6.000 A.C. en la zona de Armenia. Además, el vino siempre se ha relacionado con la deidad… en la Grecia Clásica, Dionisio, en la Roma clásica, Baco… en el cristianismo, la sangre de Cristo. Está claro que hablar de vino es hablar de algo más que una simple bebida…

El Lempira que come dice que el vino es al amor, lo que la cerveza a la amistad. No se hasta qué punto… pero desde luego, un buen vino tiene mucho que ver con el amor (y la amistad). Y, sí, nos encanta el vino. Nos apasiona… Otra cosa es el mercado del vino, que ha logrado desligar el costo de producción del precio final de venta, de tal modo que hoy en día es posible que una botella de vino se venda a precios absolutamente desproporcionados, que nada tienen que ver con su costo de producción. Algunos estudios concluyen que elaborar un vino con las mejores herramientas, en las mejores zonas y, por así decirlo, a “todo lujo” no cuesta más de unos 60-80 € por botella, sin embargo, hay vinos en el mercado que se venden a 6.000 u 8.000 € la botella. Está claro que se debe a otros factores tales como la exclusividad, el lujo, el posicionamiento de mercado…


Entre nuestros vinos favoritos tenemos que mencionar los vinos de Jerez y Montilla Moriles (finos, amontillados, olorosos y Pedro Ximénez), los Rioja viejos, los Borgoña (qué delicia la Pinot Noir), los vinos tintos que se están produciendo en Galicia, los champagnes, los riesling alemanes (y franceses), los Tokaj húngaros, y también algunos vinos muy interesantes de altura argentinos como los Achaval Ferrer, por ejemplo. También disfrutamos los Oporto con años y los vinos que provienen de suelos volcánicos como los de Canarias, o el Etna. Son vinos muy personales, con una expresión mineral muy marcada que no gusta a todos, pero que aportan una magia especial.

En cuanto a Honduras, y Centroamérica en general, el camino que falta por recorrer es enorme. Primero, porque no ha sido una zona de consumo generalizado (el calor tiene bastante que ver), y segundo porque no es zona productora. El ingreso de vinos al país sigue siendo algo complicado, y la venta no es sencilla. No hay cultura vitivinícola y tampoco parece haber mucho interés en propiciarla. Las grandes distribuidoras de licores que traen vino a Honduras, o bien no saben cómo transmitir el gusto por el vino, o bien no se preocupan por ello. El resultado es que ingresan pocos vinos, generalmente de baja calidad, lo que dificulta sobre manera la construcción del gusto y el apetito por el vino. Además, faltan profesionales o amantes del vino que puedan dar a conocer las virtudes de esta maravilla de la humanidad (también falta quién esté dispuesto a pagarles para que lo hagan). El panorama es complicado… aún así, algunas cosas ricas se encuentran, buscando un poco.

Por último, en el blog hemos podido ver que Italia está entre uno de los países visitados, ¿qué te parece su gastronomía y su vino? ¿Y la de la Toscana? Si has estado en Florencia, ¿qué restaurante o lugar recomendarías?

Italia tiene una gastronomía de primer nivel mundial. Una gastronomía que va mucho más allá de la pizza y la pasta… una gastronomía a la que el Lempira, por razones familiares, está ligado de nacimiento… y la relación con la pasta ha sido, desde siempre, muy cercana. Por ejemplo, en la casa de la Nonna se elaboraba pasta fresca con bastante frecuencia: tallarines. Y los 29 de cada mes, gnochis. El plato que más se celebraba eran los sorrentinos, una especie de ravioli relleno de ricota y pollo del que algún día daremos cuenta en el blog, porque es un patrimonio familiar que vale una alegría compartir… Así, ¡qué podemos decir de la comida italiana! Riquísima, deliciosa.

En la última visita a Italia fuimos a Milán. No conocíamos, y nos gustó bastante. Tuvimos la suerte de encontrar espacio en el restaurante biestrellado Aimo e Nadia, comida de raíz tradicional del norte de Italia actualizada. Nos encantó por su elegancia. Recordamos especialmente del menú el juego con los fondos y la pasta rellena. Potencia sápida… Florencia nos queda lejos en el recuerdo: en la infancia concretamente, así que no podríamos decir mucho más de lo evidente: es una de las ciudades más bellas del mundo. La volveríamos a visitar encantados… Le tenemos muchas ganas a la famosa Enoteca Pinchiorri, por su memorable carta de vinos, y tenemos intriga a Le Tre Lune, pero estamos seguros que tratándose de Florencia habrá decenas de impresionantes opciones que nos encantaría probar…
  
En cuanto al vino, hay que decirlo claramente, en Italia se elaboran algunos de los mejores vinos del mundo. Y no sólo en la Toscana, con sus archifamosos Súper Toscanos como Sassicaia, o Tignanello, o los brunello di Montalcino, o los Chianti; también en Piamonte (Barolo) y en otras zonas menos conocidas pero interesantísimas como el Etna… A Honduras llegan algunos buenos vinos italianos. A ver si un día les dedicamos un post completo…